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04 de Septiembre, 2008 · General

Adieu Paris



El decreto menciona la política de desendeudamiento

Télam

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner anunció hoy la cancelación de la deuda por 6.706 millones de dólares que la Argentina mantiene con los países miembros del Club de París, por la necesidad de dar continuidad a la política de desendeudamiento del país, según refiere el decreto 1394 firmado hoy.

En ese sentido el decreto recuerda como política de desendeudamiento la reestructuración de la deuda instrumentada en los bonos cuyo pago había sido objeto de diferimiento, mediante el canje nacional e internacional, y la cancelación total de la deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional.

La cancelación, según cita el decreto 1394 que lleva también las firmas del jefe de Gabinete, Sergio Massa; y del titular del Palacio de Hacienda, Carlos Fernández, estará a cargo del Ministerio de Economía y Producción con reservas del Banco Central de la República Argentina.

En los considerandos del decreto se recuerda que el artículo 6 de la Ley 23.928 habilita la aplicación de reservas de libre disponibilidad para el pago de obligaciones contraídas con organismos financieros internacionales, siempre que dichas operaciones resulten de un efecto monetario neutro.

A continuación se transcribe el decreto 1394: “Visto la Ley N 23.928, y la deuda existente con el Club de París, y Considerando: Que el artículo 4 de la Ley N 23.928 dispone que las reservas del Banco Central de la República Argentina en oro y divisas extranjeras serán afectadas a respaldar hasta el cien por ciento (100%) de la base monetaria.

Que a su vez, el artículo 5 de la referida ley especifica que aquellas reservas que excedan de aquel respaldo se considerarán bajo la denominación de reservas de libre disponibilidad.

Que en su artículo 6 la ley comentada habilita la aplicación de reservas de libre disponibildad para el pago de obligaciones contraídas con organismos financieros internacionales, siempre que dichas operaciones resulten de un efecto monetario neutro.

Que es necesario dar continuidad a la política de desendeudamiento que la República Argentina viene desarrollando con positivos resultados.

Que dicho desendeudamiento ha tenido hitos importantes como la reestructuración de la deuda instrumentada en los bonos cuyo pago había sido objeto de diferimiento, mediante el canje nacional e internacional, concluido con una importantísima aceptación del mercado e instrumentada en el marco de la Ley N 26.017.

Que en tal sentido, no menos importante ha sido la cancelación total de la deuda contraída con el Fondo Monetario Internacional dispuesta por el Decreto N 1601 del 15 de diciembre de 2005.

Que la situación fiscal continúa dando signos de robustez; la permanencia de saldos comerciales favorables mantiene la sustentabilidad de las cuentas externas y el nivel actual de reservas supera con amplitud los márgenes necesarios para el sostenimiento de las políticas monetaria y cambiaria.

Que los costos de financiamiento vigentes en materia internacional superan largamente los rendimientos obtenidos por colocación de reservas, mientras subsisten.

 

 

 

La confianza

Por Alfredo Zaiat
Pág/12

La controvertida cancelación total de la deuda con el Club de París provoca la particular coincidencia en la crítica de representantes del conservadurismo y de la denominada centroizquierda.

Los primeros apuntan a cuestiones de forma y los otros a ciertos aspectos de fondo.

La ortodoxia reunida en la oposición se resiste a aplaudir ese pago millonario a las potencias económicas del mundo en crisis porque, en realidad, le incomoda como herida en el alma narcisista que semejante iniciativa sea instrumentada por la administración kirchnerista, de la que abominan.

Con cualquier otro gobierno, como podría haber sido el de Fernando de la Rúa o el de Carlos Menem, cuando la hegemonía política estaba en esa otra vereda, habría provocado expresiones de júbilo de economistas del establishment y de los mercados financiero y bursátil.

Pero si se trata de peronistas “populistas” aliados de Hugo Chávez quienes realizaron el giro al exterior de 6700 millones de dólares, expresa “debilidad política y un uso arbitrario de recursos”.

Ese grupo de analistas debería estar buscando algún disfraz para ocultar sus recientes pronósticos de un próximo default de la Argentina, economía que estaba y está tan lejos de la cesación de pagos que puede permitirse destinar el 14 por ciento de las reservas para saldar el pasivo con el Club de París.

Las observaciones de un sector del progresismo que se siente cómodo en la oposición señalan la crítica obvia acerca de que ese dinero podría haber tenido otro destino más justo que pagar deuda externa.

Así dicho parece razonable, pero la cuestión es un poco más compleja que la demagogia.

Un programa de reindustrialización o mejorar la distribución de la riqueza fue rápidamente planteado como alternativas, aunque con pocas precisiones, en una singular posición puesto que la expresaron los mismos referentes que votaron en contra de los Derechos de Exportación móviles para cuatro cultivos clave, medida que era una herramienta –no un plan– para trabajar en el sentido de esos objetivos.

El superávit fiscal tiene entre otros destinos el pago de la deuda –salvo que se la quiera repudiar–, y ese excedente podría haberse aumentado con las retenciones móviles que intervenían en rentas extraordinarias.

No mencionan, además, que no existen normas legales que permitan la utilización de reservas para financiar planes productivos o de inclusión social.

La actual titular del Banco Nación, Mercedes Marcó del Pont, había propuesto como diputada modificaciones a la Carta Orgánica del Banco Central para ampliar el marco de utilización de reservas, sin reunir apoyo ni del gobierno ni de gran parte de la oposición.

Además no evalúan, por ejemplo, el impacto negativo en el frente monetario y en el de precios que tendría si se inyectara semejantes cantidad de recursos en el mercado doméstico de una vez, como se ha instrumentado el pago al Club de París.

O sea, uno y otro destino a las reservas puede ser más o menos simpático a conciencias sensibles, pero esto no significa que ese dinero pueda ser utilizado indistintamente sin generar costos en el funcionamiento de la economía.

Ahora bien, el Gobierno presentó la cancelación de ese pasivo, menor dentro de la deuda pública global (equivale apenas al 4,6 por ciento del total), como parte de su política de desendeudamiento, iniciada con el canje de los bonos en default y seguida por el pago de la factura completa al FMI, en diciembre de 2005.

Sin embargo, cada uno de esos pasos se concretó en un contexto local e internacional diferente del actual y con objetivos también distintos.

El plan de quita de capital de los títulos en cesación de pagos vino a normalizar la relación con el mercado de deuda y aliviar el horizonte de pagos futuros. Se concretó en un sendero de recuperación de la economía luego del estallido de la convertibilidad y con una fuerte caída de la tasa de interés internacional en una plaza con abundante liquidez.

En tanto, el pago del FMI se efectivizó con una economía que ya había ingresado en un período de crecimiento, proceso que estaba siendo bombardeado por la tecnocracia de ese organismo.

Esa medida permitió ganar indudables grados de autonomía para el manejo de la política económica con un panorama externo favorable.

Ahora, el pago al Club de París se realiza en el marco de un programa económico que está en una encrucijada por el ciclo de alza de precios internos, un tipo de cambio que pierde competitividad y el avance de la restauración conservadora de la mano del sector del campo privilegiado.

El contexto externo sigue siendo positivo con las materias primas, pero en el financiero los países desarrollados están enfrentando la peor crisis bancaria desde el crac del ’29. Ese escenario global ha derivado en un reflujo de capitales que se observa en la dificultad que tiene el Banco Central para recuperar los casi 3400 millones de reservas perdidos desde el comienzo del lockout agropecuario.

Ese panorama más complejo abonó el terreno para la embestida de la ortodoxia y de bancos de Wall Street junto a calificadoras de riesgo.

El pago al Club de París intenta aflojar la presión en el frente financiero, con el silencioso aval de los miembros de esa cofradía de países poderosos a través del BID y el Banco Mundial.

Estos dos organismos internacionales han amenazado con obstruir el financiamiento al país, situación que se estaba verificando en estas semanas.

Para sortear ese obstáculo el Gobierno ha traducido que el pago al Club de París va tras la meta de “ganar confianza”.

Pero como la lógica de buscar la aprobación de esa abstracción denominada “mercado” es previsible, la evaluación inmediata de la city será que ha sido un paso importante aunque insuficiente para conquistar la voluntad de los inversores.

El escalón siguiente para limitar la actual gestión se expresará en el pedido de la reapertura del canje para los bonista que quedaron fuera de la reestructuración.

Y el anterior ha sido el reclamo de eliminar el control al ingreso de capitales –que hoy está suspendido–, como ya lo ha exigido la Bolsa de Comercio.

En ese gaseoso concepto “la confianza” se encuentra la trampa de esa medida porque esa zanahoria la city siempre la ubicará en un lugar inalcanzable.

Aunque si ese deseo de recuperar el favor del capital financiero es solamente retórica discursiva para frenar el embate de organismos, consultoras y bancos internacionales y ganar así espacio para retomar el control de la política económica, puede ser que entonces el pago al Club de París sea un primer paso en ese objetivo y no una estrategia de avanzar a los panzazos.

 

El gobierno mantiene la iniciativa

Por Jorge Giles
Publicado en BAE
3 de setiembre de 2008

El anuncio de la cancelación de la deuda con el Club de París, significa con toda claridad, la medida política más importante de los últimos años.

Y decimos que es una medida política porque lo anunciado por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, en realidad es la construcción y la certeza de un nuevo horizonte para el conjunto del país, de su política económica, de su crecimiento sustentable, de la suerte de sus empresarios nacionales, en particular los pequeños y los medianos, de la creación de más empleo, de más producción, de más crédito, de mayor apertura en algunos nichos internacionales que nos eran esquivos y hasta amenazantes por la persistencia de esta deuda.

Apuntemos tres datos significativos que le dan un singular marco y  relieve a la decisión: se anuncia en el Día de la Industria Argentina; se acompaña con el decreto que protege precisamente a nuestras industrias contra el dumping y se presenta en sociedad junto con la creación de un nuevo área en el Banco Nación que preside Mercedes Marcó del Pont, dedicada en exclusividad para instrumentar las políticas de crédito con las Pymes.

¿Qué dirán ahora los agoreros que preanunciaban negros nubarrones sobre el país de los argentinos?

¿Qué pronosticarán acerca del supuesto “aislamiento internacional” al que rápidamente se deslizaba la Argentina?

Es sabido que el percance sufrido, retenciones mediante, por las huestes oficiales en el Senado de la Nación, estimuló en más de una mente afiebrada la posibilidad de un zarpazo fatal al cuerpo entero de este modelo de desarrollo y crecimiento con inclusión social.

Se equivocaron de punta a rabo. Pero se sabe, aún sin esperar las repercusiones de los que siempre están enojados con la vida y se oponen a todo cuanto haga el Gobierno, las voces serán diversas.

Algunos dirigentes opositores mantendrán la hidalguía y el pudor de valorar favorablemente para el país las medidas anunciadas.

Hay que destacar estas honrosas excepciones si creemos en serio que las miradas que privilegian el rumbo del estado son más importantes y trascendentes que los posicionamientos no siempre generosos del universo partidario.

Allí, en esas miradas, radica una de las columnas que sostienen el fortalecimiento de una democracia madura.

Pero seguramente otros opositores saldrán a menoscabarla.

Por este último andarivel transitarán los que condenan al Gobierno por no desconocer la deuda.

Un día de estos, lo criticarán por no decidir  ya un desembarco argentino en  las playas de Normandía.

Vale la humorada para lamentar sinceramente la ausencia, en general, de una oposición que piense en argentino, en clave nacional, que se anime a respaldar aquellas políticas de Estado, como ésta, como el rescate de Aerolíneas Argentinas, que significan ni más ni menos que un nuevo desanclaje con el pasado, con un pasado del que somos víctimas todos.

Pero que inevitablemente debemos remediarlo. Aquél argumento del no pago cae por su propio absurdo peso.

Si fuese válido, digámoslo ya, el Estado, por ejemplo, no debería remediar con el juzgamiento a los culpables de delito de lesa humanidad, los crímenes cometidos durante el imperio del terrorismo de estado.

¿Lo pasado pisado, tendríamos que decir entonces?.

En esta lógica y como esta deuda con el Club de París no la contrajo este gobierno, podríamos argumentar, para seguir con el absurdo, que este gobierno no le debe nada a nadie y sanseacabó.

Pobres de los argentinos si quienes razonan así llegaran alguna vez a gestionar los destinos de la República.

Con la medida anunciada por la Presidenta, se cierra un círculo iniciado por el Gobierno del ex Presidente Néstor Kirchner desde el comienzo de su mandato y en especial desde la salida del default que arrastrábamos desde la gran crisis y mucho más desde la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional. Rompimos varias cadenas que nos ataban a la vergüenza y el descrédito internacional.

La Argentina volvió al mundo desde entonces y hoy lo reafirma.

Todas las especulaciones que en estos últimos meses se pergeñaron desde algunos centros de poder con municiones mediáticas, y las maniobras que en consecuencia se ejecutaron, hoy ruedan por el desierto al que los condenará el despropósito de apostar contra el país, haciendo creer que lo hacían contra un gobierno débil.

Este es un gobierno siempre más fuerte y creíble que el día de ayer, más solvente, más previsible, más justo.

Los que también se preguntaban del porqué de las reservas acumuladas en el Banco Central se informarán ahora de uno de sus destinos.

Es la reserva financiera que nos permite como Nación solventar deudas y enfrentar la resistencia de quienes no quieren ver un pais con mayor autonomía y creciente justicia social.

Es nuestra guarnición mayor como país soberano.

Aunque tiemble el mundo, Argentina seguirá su marcha.

La iniciativa política, lo dijimos otras veces, sigue siendo del Gobierno nacional.

Y sin embargo no abusa de ella ni se regodea con ella ante una oposición que hace tiempo perdió la brújula de su propio destino.

Cuando se mira lejos, reconstruyendo un territorio de sueños y pan para todos, la iniciativa política sirve  como sostén de una decisión estratégica para seguir avanzando en el desarrollo industrial del país y  para asegurar una movilidad social en ascenso permanente.

Hoy la Presidenta de la Nación dio cuenta de estos nobles asuntos que, en verdad, nos deberían enorgullecer a todos los argentinos, pensemos como pensemos políticamente.

 

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publicado por hpn a las 17:11 · Sin comentarios  ·  Recomendar
 
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